Primer Premio Concurso de Microrrelatos en Los Diablos Azules de Madrid 20/09/14
El reto consistía en crear un relato en el que apareciese la frase «de un golpetazo seco noqueó al animal»
DE COMO ÁNGEL MARI DESCUBRIÓ QUE ERA MIOPE
Ángel Mari era hijo de Ángel y de María al igual que su hermana Mari Ángeles que también era hija de María y de Ángel, además de esta singularidad también era muy delgado, tan delgado como lo eran su padres Ángel y María y su hermana Mari Ángeles.
Vivía en un pequeño pueblo del norte de Navarra rodeado de montañas y de verdes prados, donde acudía cada día de nueve a doce y de una a cinco a la escuela como el resto de los hijos de las Marías y los Ángeles de aquel lugar.
Como cualquier otro día se encontraba en la escuela castigado, de rodillas, junto a su amigo Gorri y no recobrarían la libertad, para expandirse en sus juegos, hasta que no recitasen los ríos de España y sus afluentes de memoria.
Gorri y Ángel Mari tenían previsto ir a matar gallinas al salir del colegio, el reto era ver quien mataba más, como todos los retos de aquel pequeño pueblo de Navarra que solían consistir en ver quien meaba más lejos, quien escupía más lejos, quien tiraba la piedra más lejos, quien corría más lejos y ahora ver quien mataba más gallinas.
Gorri le dijo a Ángel Mari que se pusiese detrás del maestro, a espaldas de este que se encontraba sentado en una silla, que desde esa posición podría leer los ríos en el libro abierto que reposaba en las piernas de Don Ángel sin que se percatase del truco y así creer que la lección estaba aprendida. Ángel Mari así lo hizo, se colocó tras el maestro e intentó leer lo que ponía en el libro pero como no lo veía bien se fue acercando hasta que consiguió enfocar el texto, colocando su cabeza entre la del maestro y el libro para recitar los ríos según los leía ante la sorpresa de Don Ángel y las risas de los compañeros. Tal fue el alboroto que se dio por terminada la clase y todos pudieron salir.
Sin perder un momento se dirigieron al gallinero y provistos de sendas varillas de paraguas a modo de floretes con que degollar al enemigo Gorri y Ángel Mari se dispusieron a entrar en batalla. El primero en agitar su florete fue Ángel Mari y de un golpetazo seco noqueó al animal y para ver si lo había matado acerco su cara hasta ver bien enfocada la de su víctima. El aturdido animal dio en ser el gallo del corral que molesto por la afrenta se lanzó a la nariz del indefenso Ángel Mari que perdió medio lóbulo izquierdo en la disputa, herida de guerra que aún luce y que le recuerda como aquel día fue consciente de su miopía galopante por duplicado y para que nunca se olvide.
FIN